19.6.10

Biciencuerados - World Naked Bike Ride / 2010

 Ahí estaba yo:
encuerado, al lado de mi bicicleta, en el camellón de Reforma frente a la puerta de los Leones, en Chapultepec.
Creí que llegaba tarde a la marcha nudista y eso me tenía muy preocupado porque el año pasado llegué cuando ya habían arrancado.
Luego no encontré un momento apropiado para encuerarme. Ahora corrí y corrí para llegar a tiempo. Ya estaba el convoy sobre el camellón listo y se veía mucha carne.
Se necesita valor para encuerarse, pero sobre todo es complicado encontrar una buena razón para vagar en pelotas por la ciudad. Esa es la principal ventaja de esta marcha nudista: desnudos ante el tráfico.
Me encuero para que me veas, te digo a ti, automovilista.
Porque los ciclistas somos invisibles. Somos atacados. Mueren ciclistas por cientos en todo el mundo.
Pero es peor que eso: el mundo entero se muere por causa del automóvil, del motor de combustión interna. No se si te imaginas.
Desnudo sí me ves, dice una consigna sensata.
Llegué y me quité toda la ropa excepto por los zapatos, el casco y los guantes. Me puse la mochila.
Después de examinar un poco y con más atención que nunca el asiento, me monté sin demasiadas dificultades.
Al arrancar varios experimentos anatómicos para subir y bajar del asiento sin apachurrar o pellizcar nada.
Estaba listo. Y entonces me di cuenta de que en realidad no conocía a nadie de los que estaban a mi alrededor.
Todavía más mal: era el más desnudo de todos. La mayoría iban sin camisa. Algunas chavas iban en brasier. Varios en traje de baño. Al frente había más piel, pero entre tanta bicicleta no se podía maniobrar. Y además nada de que iniciara la marcha.
Tuve el principio de un ataque de pánico. Estuve a punto de vestirme y volverme a mi casa.
Y en eso arrancamos. Y me acordé en ese momento de que el asunto era cubrirme la cara, pero no saqué el paliacate de la mochila. Ni modos. Un tipo muy amable me pidió permiso para tomarme una foto. ¡Qué diría mi abue, pensé! Pero dije que sí. Y el tipo se acercó, se agachó y tomó un gran close up de mi pene. La verdad me alegré, porque no sabía qué cara poner.
Luego me encontré a uno que me dijo, así como si tal cosa, “no pensé que lo tuvieras tan chiquito”.
El ridículo es como el agua fría. Da miedo caer. Pero ya que caíste empieza a ser divertido.
El sol fuerte. Desnudos no somos invisibles. Dejamos a nuestro paso una estela de escándalo. A las orillas del contingente se enciman los reporteros, nosotros los dejamos pasar. Mientras más tiempo dure, mejor. Avanzamos muy despacito. El contingente va cerrado, diera la impresión de que nadie quiere ir hasta atrás, pero para entonces yo ya había agarrado valor y con ganas de enseñar cachetes a los automovilistas. La mayoría van celulares en las manos, tratando de retratar nalgas o chichis de las compañeras. Les gritaba ¡morbosos!, nomás por divertirme.
Mis queridos @Bicipelos fueron un poco una desilusión, debo decir. Jamás lo pensé de ustedes, queridos. Nada de pelos enseñaron, puro traje de baño, bikini y coqueto disfraz de abejita. ¡Para eso me gustaban!
Grandes íconos del ciclismo urbano, ganadores de competencias y todo, uno creería que tendrían mejores cuerpos, pero no. Puro flacucho, el espinazo de fuera, las costillas a la vista. Cuerpos de perro parado.
Las mismas personas de siempre, pero peco de obvio cuando te digo que desnudos no es lo mismo. Aunque el contingente va cerrado siento que hay más espacio entre nosotros. En otros paseos nos saludamos de abrazo, de beso con las amigas, pero como que ahora el saludo es más forzado. Más de lejecitos. Nos miramos de reojo y luego nos da pena. Eso sería o el sol, pero cada vez que veía a @sandysavagar o a @acyre estaban coloradas como gringo retirado en Tepoztlán. ¡Quién sabe que tanto irían platicando!
Luego hasta pena me daba rebasarlas.
Métanse al carril, gritaban los guías.
Metan la panza, gritaba yo, para la foto.

Desocupen un carril para que pasen los carros, pedía a los gritos un par de policías en una motocicleta de tránsito, buscando desesperadamente un lider. ¿Quién es el guía?, me preguntó uno. El de hasta atrás, le dije. Y para mi sorpresa, el poli me dijo gracias y se fue al final del contingente a buscar al lider.
Avispado detective.
Un compita iba desnudo total, incluso sin zapatos. Le agarró la prisa y ya no se puso los tenis. En los diablitos iba su novia, con las chichis de fuera. Y se arrepegaban bien sabroso uno contra otro. Ella le ponía las chichis en la espalda y ponía una sonrisota y yo tuve que alejarme, sobre todo por razones de seguridad.
El asiento se portó bien, excepto por un par de pellizcos. Fue raro. La próxima vez lavaré muy bien mi bici antes de la prueba. Después también la lavé muy bien. Debo confesar que no pude evitarlo y al final de la marcha olí mi asiento, pero lamento decepcionar su morbo: no se  percibía nada fuera de lo normal. Lo digo para los que en serio proponían quemar los sillines de las bicis que habían estado en contacto directo con -¡horror!- el culo de una persona.
Interesante: un trío de chicas disfrazadas de diferentes animales. Rodaban como equipo, no permitían que ningún ciclista se les colara, como si temieran que los avorazados y morbosos les miraran las tangas. Parecía que se habían equivocado de marcha: llevaban carteles sobre liberación animal. Buena onda. Una de ellas parecía ser el / la líder. Daba apariencia de lesbiana dominante porque trataba a las otras rete feo. También me pareció tan exótico – erótico que dejé de prestarles atención por el ancestral temor a mostrar una erección en Reforma e Insurgentes.
Un triciclo que traía dos perros que como eran xolozcuintles también parecían encuerados.
Antes del caballito un grupo inició una pequeña fuga. Unos metros delante de las patrullas iba un ciclista encuerado, más allá de la protección de la masa. Yo lo vi de lejos: tomó vuelo, soltó los pedales, subió los pies al caño de la bici, levantó las nalgas, soltó el manubrio y quedó desnudo, de pie, abriendo los brazos. En las banquetas algunos peatones le aplaudían. ¡Desvergonzado! le gritaba un señor. El tamaño no importa, le respondieron.
Al cruzar el zócalo un señor con facha de teporocho, al grito de “qué buena onda!” se quitó sus trapos y echó a correr encuerado por la calle entre las bicis. Su compadre lo seguía con los trapos en la mano, con dolor de panza de tanto reír y sin aire para gritarle que ya se estuviera quieto.
El zócalo estaba lleno de zombis. Estaban las pantallas gigantes transmitiendo algún partido del mundial. Las noticias luego dijeron que nos dio pena llegar encuerados al zócalo. ¡Qué pena nos iba a dar! Más bien, qué hueva que todo termine en el zócalo.
Según yo la ruta estaba escrita desde antes y ya se sabía que le daríamos hacia el sur, por calles pequeñas, y luego por Chapultepec.
Ahí me encontré otra vez al @elCostumbre que justo volvía de un viaje por la dimensión desconocida: se le perdió el contingente y quedó completamente desnudo en Eje Central. Un policía le señalaba – por allá, por allá.
Eso sí que me da vergüenza.
Porque ir así en pelotas por Chapultepec, hasta me quité el casco, colgué la mochila de mi espalda para que el sol gris me tostara parejo, eso más bien me dio alegría, me hizo sentir travieso, pero bien. Saludaba a los niños que atacados de la risa les gritaban a sus padres, mira mamá, ¡chichis! Me entendí cada vez mejor con el asiento. Por ahí hubo una ponchadura y todo el contingente de biciencuerados esperaron pacientemente bajo el sol a que le pusieran nueva cámara a la compañera.
Álvaro andaba por ahí soplando su melódica. Estuvo sensacional. Provocaba cantidad de ambientes. Seguían las consignas, pero no tan animadas como las conversaciones. Una marcha más de mi estilo.
Nos dicen: ilusos si creen que por encuerarse las autoridades les van a dar algo. A mi ni se me había ocurrido que estuviéramos hablando con alguna autoridad. Supongo que habrá algunos. La comunidad de ciclistas, como cualquier otro grupo, pues es muy diverso. Hay gordos, flacos, feos, chaparros, etcétera. Habrá quienes trabajan en el gobierno. Pero yo no me encuero para que me vean los funcionarios.
El discurso más bien es: para hacer conciencia en ti, automovilista. Una trampa para que al próximo cleto que veas en la calle digas, mira, este sí trae ropa. Y como sea, te acostumbres a verlo y a esquivarlo. Que aunque tenga la culpa de cualquier cosa, no se merece ser atropellado por eso.
Ese es el discurso. Y claro que bajo esa mirada habrá que evaluar que porcentaje de ciclistas se encueraron y cuantos solamente fueron a acompañarnos en buena onda, y cuales nomás iban de morbosos a verme mis nalguitas.
Mucho éxito las compañeras flacas que iban en ropa interior, porque los reporteros las retrataron con gusto de tener fotos no polémicas. Si todos nos encueráramos les complicábamos la chamba.
Yo sobre todo me encontré una buena excusa para andar encuerado por las calles. Nunca lo había hecho y no se si lo vuelva a repetir en próximas fechas.
Quizá el año que entra.
Encuerado por la calle en cierto modo me siento más invisible. La marcha entra a la derecha de Av. Chapultepec y a la izquierda por Insurgentes, justo a la glorieta del metro. El tránsito vehícular cerrado por la policía, pero los andenes del MetroBus están llenos. Increíble que algunos se sorprendan, se ofendan y se agüiten de ver encuerados por las calles. Pueden ver decapitados en las primeras planas de las noticias. Mendigos muriendo de hambre en la banqueta. La miseria lavando el parabrisas de la mamivan. Eso no les escandaliza. Lo que les molesta es que venga yo con esta sonrisota, gozando el sol en las nalgas.

Lo que les molesta es que ellos no.
No pueden, no saben, no entienden, porque no andan mucho en bicicleta. O sea que mucho menos saben volar. Y por eso viven presos del piso.
La marcha terminó en Orizaba, en la Plaza Río de Janeiro que tiene una fuente con una reproducción del David, de Miguel Ángel.
¿Alguien sabe si hay otro desnudo masculino en la ciudad?
Ahí ya me deschongué por completo. Al final sí me deshinibí, rompí con todo protocolo, adiós a las normas. Me quité los guantes, los zapatos, los calcetines y me metí a la fuente del David, en la plaza San Jacinto. Acá en la colonia Roma.

6 comentarios:

  1. Me hiciste disfrutar la marcha como si la hubiese visto. Gracias

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  2. jajaja, que buena onda!!!! un abrazote

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  3. Gracias a ti, Luz. Tu hija rompió rating y salió en hartos ¿albums?, ¿albumes?. Buscar en google.
    Primate, sabía que aparecerías a burlarte. Ja.

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  4. Que padre anécdota. Me ha hecho reír mucho.
    Me hubiera gustado participar.

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  5. El próximo año, ahí donde estés seguro habrá una marcha ciclista al desnudo. Vale la pena participar.

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  6. Pues yo también estuve en esa marcha y les puedo decir que fue una experiencia única: ver y que te vean,disfrutar del paseo y reconocerte en los demás. Se necesita mucho valor para hacerlo, pero como dice choro chido (a quien tengo el gusto de conocerlo), esto es como el agua fría: complícadisimo al principio pero después es pura risa.

    XOCHIMILCA

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tenkiu