
Tempranito, a las 8 de la mañana, llegué montado en la Zufridora al Parque Hundido, cuartel general de los Biciperros. Casi siempre hay más alegres ciclistas, pero por cosa del puente varios se fueron a Taxco. Otros más se fueron quién sabe a donde.
Aunque echamos de menos a varias (y a algunos), fue una rodada un poco más dinámica de lo habitual. Divertida. Pocos pelos, pero bien peinados, como dijera el refrán.
Tomamos por la calle Cerezas hasta División del Norte y toda esa avenida hacia el sur. Después de Churubusco empieza el carril confinado del Trolebús, que es peligroso por que el trole se te echa encima cada vez que puede y en cualquier momento se puede meter un auto o un microbús.
Tal vez por peligroso es divertido.
Domingo mañanero todas las avenidas estaban casi desiertas y hasta el chofer del trole pasa saludando.
Cruzar el puente de División y Tlalpan requiere templanza y control de la bici. Normalmente el tránsito te deja apenas un huequito. Pero cuando vas en grupo es fácil hacer bola y agarrar con calma todo un carril. Los conductores andaban de buenas así que todo es disfrutar la vista de la ciudad no tan contaminada, que se ve desde lo alto del puente.
Seguimos por División y dimos vuelta en Calzada del Hueso, donde está la prepa 5, rumbo a Canal de Chalco. Pasamos a un lado del mercado de flores que está en la esquina de Canal Nacional, un kilómetro adelante de la UAM-X, que ya están listos para la navidad, todo lleno de nochebuenas rojas y blancas.
Me cae gorda esa planta.
El puente para cruzar periférico tiene una rampa circular donde se puede subir en la cleta. Y ya se ve el lago de Xochimilco, los canales por donde pasarán un poco más tarde las trajineras con turistas, los pantanos.
Por la ribera del Canal de Chalco llegamos hasta donde ya no pueden pasar las bicis de ruta y de ahí doblamos a la izquierda para atravesar Tláhuac, que por cierto está en reparaciones y tiene tránsito pesado a todas horas (y está llena de baches mortales).
A la entrada de Tlahuac pusieron una escultura que representa al Quijote de la Mancha y un molino de viento, justo enfrente de un charro mexicano y una china poblana. Habrá que acostumbrarse al amontonamiento visual que producen.
La recompensa es el centro de Tláhuac, que siempre me ha gustado. Más por su ambiente que por el convento, la verdad. Aunque nunca había notado que los letreros que anuncian las rampas para silla de ruedas sentencian en voz muy agresiva "disminuido". Nunca había visto tal insulto. De por sí discapacitado, o minusválido ya me parecen parte del lenguaje del odio, alguien debería hacer algo respecto a estos letreros (tal vez colgárselos del cuello al que los mandó hacer).

La carretera Tlahuac - Chalco fue la peor parte del camino. Es angosta y transitada. Como siempre los coches piensan que lo que tienen en frente es su obstáculo, así que varios se desesperaban por la tribu de bicicletas. Creían quizá que eramos parte del problema de tráfico, y no la solución. Además el estado del pavimento también es detestable. Y es una lástima porque a ambos lados las lagunas de Xico estaban espéndidas, reflejando el cielo azul como pocas veces y las montañas de alrededor. Hasta el volcán Xico, gordo y chaparro, se veía mejor que nunca. Bueno, desde este lado, porque apenas al atravesar, los tiraderos de basura de Chalco con su vomitan su característico aroma. El olor de la destrucción. Eso a la derecha. A la izquierda, en un peñón al lado del volcán, Geovillas, parece un palomar.
Más adelante nos detuvimos a tomar aire en una gasolinería y estuvimos esperando. Una confusión y malentendido dividió al grupo que estuvo esperando un buen tiempo a unos que no llegaron porque se desviaron. Tanto que algunos aburridos decidieron seguirse a Cuautla.
Por un momento mi Zufridora soñó con irse conmigo a cuestas a la tierra de Zapata, pero un corte de caja reveló que no alcanzaba pa'l pasaje de regreso, así que nos atuvimos al plan original.
Un cachito de la autopista a Cuautla y luego la desviación a Cocotitlán: Pueblillo rascuache típico.
Unos cinco kilómetros adelante está Temamatla.
Otro pueblillo rascuache típico.
Lo mejor es que pasando Chalco, los volcanes andaban exhibicionistas hasta cortarme el aliento. Siempre me han impresionado las montañas que tienen nieves perpetuas.
Todo este camino pensando que los guías que trajeron a Cortés por ahí, realmente se lo trajeron por el camino largo a Tenochtitlán, a ver si se desmoralizaba. Creo que al revés, el señor se enojó.

Muy bueno y recomendable de Temamatla son los mixiotes de carnero. Se dice que también hay pulque muy sabroso, pero nadie supo señalar dónde.
También una zona militar muy grande, donde entrenan los GAFES (Grupo Aeromotor de Fuerzas Especiales), antes de ser coptados por el dinero del narcotráfico y unirse a los Zetas.
Así que hartas tienditas de artículos militares: impermeables, mochilas, cangureras: todo con bolsita especial para la pistola.
N'ombre, te imaginarás, un ambientazo.
Nos regresamos por otro lado, vía Xochimilco. Esa fue la parte que más disfruté aunque por el ritmo de la pedaleada ya no pude tomar muchas fotos. San Pablo Atlazalpan, Santa Catarina Ayotzingo, San Juan y San Pedro Tezompa, todos pueblillos pequeños, pero enfiestados por sus santos, o por el aniversario revolucionario. Incluso hubo que esquivar algunas calles cerradas por los juegos mecánicos.
Tetelco, Tecomitl, el barrio de Xaltipac, Tenanitla, Ixtayopan (con su mala fama por los pefepos que lincharon hace algunos años). Todo el tiempo a la vista de las chinampas, por lo que hace cien años solía ser la ribera del imponente lago de Xochimilco, del cual queda ahora menos del diez por ciento.
Y pensar que hubo a mediados del siglo pasado ingenieros hidráulicos que ponían como ejemplo en el mundo su capacidad para secar lagos. Ahora se les caerá la cara de vergüenza. Espero.

Tulyehualco, Tlaxialtemalco, y luego por Nueva Tenochtitlan entre chinampas también llenas de nochebuenas, hasta llegar a Xochimilco, al convento de San Bernardino, siempre impresionante. Después por callejones cada vez más angostos, incluido el famoso callejón de Infernito, hasta llegar a un canal donde por un peso una canoa nos cruza hasta Cuemanco.
Cruzamos Periférico con las bicis al lomo y luego tomamos Cafetales, Calzada del Hueso y División del Norte para volver con bien a casa, después de haber explorado una de las orillas de la guía roji.