7.7.09

Circo

Cuando escuché un rugido supe que estaba frente al circo.
Eso porque ayer el circo no estaba.
Conozco bien por aquí: Av. Congreso de la Unión esquina con Dr. Río de la Loza, a la vuelta del Aeropuerto, cerquita de Tepito y de Candelaria.
A las cuatro de la madrugada las calles son de los carroñeros y los comedores de basura. Los policías dormitan satisfechos afuera de las taquerías. Los chinelos que ya no pueden con el frío vuelven a su coladera.
Y entonces escuché un rugido. Y lo que ayer era un estacionamiento ahora era el circo Hermanos Vázquez. En el camellón los campers. En el estacionamiento la tradicional carpa y bajo la carpa el tigre. Hasta entonces supe que el rugido era de tigre, porque antes me daba igual leopardo o pantera.
Que era tigresa no lo supe y yo creo que nunca lo sabremos, pero a mi se me hace que sí, porque algo tenía su rugido de una novia que yo tuve.
Qué imprudente, me dirás, pero en mitad del barrio bravo, nada de miedo me dio acercarme a la jaula y mirar los ojos verdes del formidable gato.
Ahora gruñía grave y rasposo y suavecito. Ni siquiera temí meter la mano y tocar su lomo. La tigresa me miraba gruñendo. No se movió pero a mi me parecía que estaba agradecida por el contacto.
¿Dónde estaba el resto de la ciudad? ¿Dónde quedaron las alarmas y las sirenas? ¿Por qué en ese momento se silenciaron todos los revólveres?
Nunca está tan callado tepis como cuando toqué al tigre con la mano.
De ahí me fui a mear los muros del palacio negro de Lecumberri, en nombre de esta tigresa y de todos los presos políticos del mundo.
Cuando volví a mi casa, pasé por ahí y lo volví a escuchar.
Pero esta vez si pude reconocerlo:
Era el rugido de un tigre triste.

29.6.09


La Fuente de Salto del Agua la mandó construir Antonio de Bucareli cuando era virrey.
Marcaba el fin de los arcos del acueducto que descendía desde los manantiales de Chapultepec. Actualmente circulan por ahí av. Chapultepec que luego se llama av. Arcos de Belem, refiriéndose a aquellos arcos del acueducto.
Salto del Agua se llaman también la estación del metro y la central de Registro Civil que quedan muy cerca, recordando los días de antaño cuando el agua venía con tanta presión que aquí saltaba.
Por aquí llegaba el agua a la ciudad y oor este mismo camino se iba: después de San Lázaro comienza el gran canal del desagüe.

21.6.09

Día del Padre -

Para el día del padre me fui con mi novia más principal y mi hija favorita a una rodada que convocaron varios grupos ciclistas de la ciudad. Según que era de un nivel básico de recontraprincipiantes. Pero yo ya lo sabía, así que íbamos bien preparados.
La convocatoria decía...

Registro de participantes: 7:30 a.m.
Concentración en el DEPORTIVO OCEANIA
Paso intermedio a TEXCOCO 21.5 kms. recorridos.
Destino: CHICONCUAC 27, kms, total de ida.
Regreso al DEPORTIVO OCEANIA 54.5 kms, total de ida y regreso.
Paso moderado 18 kms/hora, terreno plano.
Paso por la caseta de la autopista PEÑON-TEXCOCO a las 8:45 horas, aproximadamente (todos juntos).
Arribo a Texcoco 10:00
Salida de Texcoco 10:15
Arribo a Chiconcuac 10:45.
Salida de Chiconcuac al Deportivo Oceania 11:15.
Paso de regreso por la caseta de la autopista PEÑON-TEXCOCO a las 12:30 ( todos juntos ).
Arribo al DEPORTIVO OCEANIA a las 12:45, a 13:00.
(Los horarios son aproximados).

De entrada no llegamos al registro de participantes, porque el Metro abre a las 7. Nuestra ruta fue: tren ligero a Taxqueña, transbordo en Pino Suárez dirección pantitlán, luego otro transbordo en San Lázaro ahora dirección Ciudad Azteca hasta Deportivo Oceanía. Todo por escaleras con bicis al hombro.
Total que desde el vagón del Metro vimos el banderazo de salida. Tuvimos que correr un poquito, pero pronto los alcanzamos.
El principio fue medio cardiaco porque el pelotón estaba un poco dividido y los automovilistas un poco sorprendidos. Tuvimos que hacer algunas maniobras entre los carros, lo cual no estuvo muy padre.
Pero fue un pequeño trozo y el contingente ciclista estaba muy bien organizado. En particular fueron notorios los jerseys de los biciraptors.
Y la verdad los automovilistas también iban de buen humor y tolerantes: domingo por la mañana, día del padre.
En la caseta se reorganizó el contingente y nos movimos más para enmediecito (después de pasar a los pits y a inflar una rueda). Mientras se negociaba el paso por la caseta. No nos cobraron nada siempre y cuando no usaramos más que el acotamiento. Dijeron que sí, siempre y cuando las patrullas cerraran el carril de baja, para que no lo usara nadie.
Y así nos fuimos: 18 kms de la autopista Peñón - Texcoco. No creas que pesado. Cantando canciones. Excepto al mero principio, donde están los tiraderos de basura del Bordo Poniente, que no quieres ni respirar.
Pero poco más allá ya es campito, bueno y carretera, pero no está tan mal.
Tal y como se había planeado, a las 10 de la mañana nos echábamos unas aguas cortesía del presidente municipal de Texcoco, quien aprovechó para venir a saludar.
Y más o menos al cuarto para las once estábamos en el palacio municipal de Chiconcuac (según que 27 kms). Que por cierto es feo y poca cosa.
Yo pensé que las chavas sufrirían. Pero ni siquiera tomaron en cuenta que había espacio en las camionetas de apoyo. Ambas hicieron pipí, tomaron aguita, se echaron un sanwich y ya estaban listas para la pedaleada de vuelta.
El camino de regreso me lo tomé con más calma. Como que una parte del pelotón traía más prisa y se fueron adelantando. Al principio remolqué a la niña para cerrar el paso de la marcha, pero luego mejor nos buscamos a otros pequeñejos para formar grupos de paso lento.
Lo malo que se nos iban cansando y viajaban todos con mamases en camionetas que los recogían.
Al final hicimos contacto con otra nena superalimentada que llevaba paso de ferrocarril y que no soltó el ritmo más que cuando se le ponchó una rueda a mi novia. Es decir, a su bicicleta. Y yo soy bueno para parchar.
Con todo y todo estábamos a las 2.30 de la tarde sentados en la banqueta, frente al deportivo oceanía, mascando sanwiches de pan bimbo.
Muy divertido.

20.6.09

Lagunas de Zempoala

En punto de las ocho deposité al paquete número 1 en la puerta de la escuela y de ahi seguí en el disfrute de tener todo el día para vagar sin un rumbo fijo. En primera se me antojó ver agua, así que agarré rumbo a Xochimilco. En parte para escapar de la hora pico: todo el mundo va hacia el centro. En cambio en el mismo sentido que yo, pareciera que es domingo. Tanto disfrute que se me pasaron los dos jarochos donde había pensado hacer el primer desayuno. Paré en un parquecito poco antes del deportivo Xochimilco para el atolito y el tamal reglamentarios: el poder de la masa. Y pues no eran ni las nueve cuando ya estaba yo ahí, con las trajineras. Me aburrí a los cinco minutos. Además a mi la ciudad como que me habla. Santa Cecilia Tepetlapa, me dijo un letrero. Bueno, dije yo, y pedaleé acordándome de aquella novia que tuve que le decían Tepetlapa. También anduve con algunas cecilias, pero de ellas no me acordé entonces, sino que me estoy acordando hasta ahora. El caso es que mi novia aquella, a la que le decían Tepetlapa porque vivía por ahí, precisamente, subiendo por San Lucas. Y con la subidita empecé a sudar y ya calientito pues decidí de una vez echar para arriba. Así el regreso me queda de bajada, pensé. Y pedaleé hasta Topilejo, que ya es de la delegación Tlalpan. Agarré un pedazo de la carretera federal. El tránsito está acostumbrado a los ciclistas, sobre todo el transporte público, los trailers y los motociclistas, que también hubo varios vagando por la ruta. No pasan demasiado cerca, o se detienen a esperar. Los que son un poco más peligrososo son los autos particulares. Un par de ellos con chavillos que van de novios al bosque en vez de andar en la escuela. ¡Qué envidia! Por otro lado me hacen arrepentirme de no haber subido por la ciclovía. El hubiera no existe, pero como ahí mismo me arrepentí, ahí mismo cargué la bici por el campito y me subí un rato a la ciclopista, hasta Parres, porque no tenía muchas ganas de rodar por tierra. Así que ahí me volví a subir a la federal. Me empezó a rugir la tripa. Ya había subido un buen cacho. Pero hacía frío en Parres y yo venía sudando. Decidí ir hasta Tres Marías. Pero me ganó el hambre en la gasolinería a la entrada del pueblucho y sucumbí a la tentación de un gatorade y un snickers: suero y calorías, que me pusieron de muy buen humor. Tanto que cuando empezó la bajada hacia Huitzilac, no me pude contener y me dejé ir cantando. Pronto desapareció el clima de montaña y me empecé a sentir en Morelos. Que rico. Me detuve en un taller de bicicletas a revisarle el aire a las llantas y ponerle algo de aceitito a la Zufridora que venía haciendo ruidos raros. Fue el del taller quien me dijo que las lagunas de zempoala estaban enseguidita, a diez minutos. Hasta risa me dió cuando, diez minutos más tarde, estaba al pie de una montaña que me tomó más de dos horas escalar. Lo hice con gusto porque el bosque es espléndido. La variedad de aves y flores me mantuvo todo el tiempo maravillado y con calma para el duro ascenso. Yo creo que deben ser como 15 kilómetros de subida. Al principio muy empinados. Poco a poco se vuelven más suaves hasta que por fin llegué a la cima. De nuevo la bajada es deliciosa. Los mismos 15 kilómetros. Al final está el parque de las Lagunas de Zempoala. Llegué a las 3 de la tarde. Estaba casi vacío. Afortunadamente una señora vendía quesadillas, donde comí como degenerado: una de flor de calabaza, una de huitlacoche, una de requesón, una de papá con chorizo, una de longaniza de dos colores. Dos chelas. Cafecito de olla. Luego una vuelta a la laguna que está muy baja de agua. Supuestamente ya empezaron las lluvias, pero no ha llovido en realidad. Aún así el bosque es impactante: árboles gigantes, el olor fuerte, resinoso. Sonidos acuáticos. Mil creaturas rondan: ninguna grande o temible, hasta donde pude ver. Es el corredor biológico chichinautzin, el bosque de agua, único en el mundo por su variedad, por la riqueza de su ecosistema. Empieza en el ajusco y termina en el tepozteco, así a grandes rasgos. Para regresar mi gps se volvió loco. Marcaba que daba igual volver por donde había venido que por el Ajusco, lo cual es completamente falso. De Zempoala a Santa Martha deben ser como otros 20 o 30 kms de subida. Todo por el bosque mágico. Después de eso sigue Santa Martha, donde la gente muy amable me señaló el camino hacia Coatepec. Ahí hay una escuela de ganadería y la estatua de un caballo, donde se señala la desviación para ir hacia el Ajusco o hacia Santa Fé. Y luego otra montaña para arriba, hacia Jalatlaco. Que han de ser como otros 10 o 15 kilómetros. Todo de subida, según yo. En Jalatlaco estaba como a las 6 de la tarde. Cuando pregunté por el Ajusco a unas personas me vieron con cara de pena. Yo también estaba preocupado porque ya estaba siendo claro que no llegaría en la hora y media que me quedaba de luz. Justo esa hora fue la más pesada. Veía una cumbre. De inmediato sentía dolor porque no era el ajusco. El Pico del Águila no tiene vegetación, por su gran altura (3900 msn). Pues ni modo. Paciencia, templanza, pedaleo rítmico, respiración. Detrás de esa cumbre aparecía otra, más alta, que tampoco era el Ajusco. Como a las seis treinta empezaron los calambres. A las siete las ganas de llorar. A las siete treinta empecé a pedir aventón y a esa misma hora cayó la noche y se detuvo por completo el tránsito vehicular. Me encontré en lo alto de la montaña en un lugar absolutamente desierto. Lo bueno que iba preparado con luces. Particularmente mi luz de minero es buena y potente. Alumbra en especial dos cosas: señales de tránsito y los ojos de los animales. Es así como veo que estoy rodeado de creaturas de dos ojos. Es fácil saber que las que vuelan son murciélagos o lechuzas. Justo entonces llegué al puerto de montaña del Ajusco. Primera categoría. Lo ví en tinieblas ya. La desviación propone a la derecha, por el circuito o a la izquierda por el ajusco. Titubeante agarré a la izquierda. Un poco más adelante un taxista se colocó detrás de mi y estuvo echando luz sobre la carretera. Lo cual me hizo muy feliz. Desgraciadamente iba muy rápido. Y la temperatura descendió rápidamente. Pronto tenía las manos entumidas y tuve que detenerme. Se fue mi taxi salvador con todo mi agradecimiento. Y yo me quedé quieto unos minutos, ahora sí en la total oscuridad, rodeado de ruidos de bosque. Mientras me desentumía las manos empece a sentir tirones en el tobillo derecho, de modo que tuve que avanzar aunque aún tenía las manos medio congeladas. Poco después ví las primeras luces de la ciudad. El mar infinito de faroles. Casi todo naranja, pero tiene rojos y blancos. Algunos azules y verdes. Mucha luz. El cielo de la noche es amarillo. Aún así la carretera siguió oscura casi hasta Six Flags. Acá también se acabó de golpe el frío. Se siente cuando se termina el bosque y comienza la plancha de asfato. Es como si le cerraras a la ventanilla. Llegué a casa a las once de la noche. Me sentía como col hervida.

11.6.09

Liliana...



Llegué tarde, para variar. Espero que a mi funeral también llegue con retraso. El contingente ya había salido de la Facultad de Filosofía. No creí que fueran a salir puntualmente a las 9.30. Estuvo bien porque pasé a echar una mirada a la Okupa – Ché, que bulle de actividad ante el inminente desalojo. Me supongo que Liliana por aquí pedaleó: Supongo que todo ciclista chilango pedalea tarde que temprano todo Ciudad Universitaria. Hasta la ciclopista que es tan peligrosa. ¡Está llena de universitarios enamorados y pachecos que pasean como si fueran inmortales!
El caso es que llegué tarde y sólo salí de la Universidad a la calle, avenida Universidad, una cómoda bajada, con enorme riesgo, sobre todo gracias a los conductores chilangos que cuando los rebasa una bicicleta sienten comprometido su status de automovilistas y compiten.
Pronto te encontrarás el cruce con el Eje 10, donde debes tener mucho cuidado. Grita, escupe, patea... todos los autos, camiones y taxistas dan vuelta a la derecha. Nadie hace caso del semáforo que de por sí no tiene contemplado un espacio para peatones, no se diga para bicicletas.
Reloj en mano, tienes 8 segundos para cruzar los ocho carriles.
Si sobreviviste, sigue el trozo habitacional de Av. Universidad. El carril de la derecha se comparte entre autobuses RTP, microbuses y autos estacionados que a esta hora, precisamente, abren las puertas de los coches con total confianza. Las bicicletas son invisibles. No tienen lugar. Queda al libre criterio del bici piloto con apoyo de las leyes de gravedad porque pese a algunos leves columpios, todo sigue de bajada.
Llegaras, con suerte, a la fuente de los Coyotes, que cada vez se hace más pequeña para hacer más espacio para los autos. Ahí entronca Av. Universidad con Miguel Angel de Quevedo. Está la estación de Metro Miguel Ángel. Paraderos de autobuses, el camino más directo al Metro Taxqueña.
El reglamento de tránsito dice que se permiten vueltas a la derecha con precaución. Las glorietas entonces se vuelven una paradoja: todo es dar vuelta a la derecha. No hay semáforo que valga. En horas pico es más sencillo cruzar por aquí en bicicleta: los coches están parados.
En adelante vuelve a quedar despejado el carril de la derecha. Sólo tenemos que compartirlo con transporte público y alguno que otro(a) coyoacano(a) que necesita llegar a tiempo y rebasa estilo Acapulco: por donde sea posible.
Esta parte hay que tener los oídos bien abiertos: como sigue siendo una leve bajada los coches casi no hacen ruido. Además vengo ensordecido por la claxonera de la glorieta.
Hay una iglesa muy bonita y un puente de piedra. Después empieza el rio Nilo (ni lo huelas). Un tubo de desagüe. Al pasar por aquí trato de no respirar profundo, porque apesta a caño.
Un poco más adelante, por el lado izquierdo entronca la Av. Altavista como ramal de un río. Aunque ya eran más de las diez de la noche, una tromba de autos pasan a las carreras sin considerar que alguno pueda equivocarse. Unos metros más adelante dan vuelta a la derecha sobre Av. Progreso. Otra vez, alerta: le doy de manazos a una camioneta que se resiste a dejarme pasar. Un golpe en el techo de su camioneta y se vuelve una señora que pide perdón y cede el paso. Por Av. Progreso también vienen autos desesperados. Unos siguen de frente sobre Vito Alessio Robles, otros hacen una “S” para tomar Av. Universidad a la derecha y de inmediato a la izquierda por Minerva. Los peseros y camiones tienen prisa por seguir por Av. Universidad y llegar primero a los paraderos del M. Viveros. Puedo cruzar gracias al “Cañón Sónico”, una bocina que se infla a presión en la gasolinería y produce un golpe sonoro que se escucha fuerte, incluso dentro de los autos blindados con superestéreos. Casi siempre quien lo escucha se paraliza. El día que lo probé hasta me arrancó unas lagrimitas.
El M. Viveros es fácil comparado con lo anterior: sólo es un kilómetro en que la línea blanca se vuelve tu carril, si vienes solita en bicicleta. Por tu derecha el transporte público. Por tu izquiera el transporte privado. Una de dos: si eres un campeón del ciclismo puedes intentar ir por encima de los 30 kilómetros por hora y dejarlos a todos atrás, como cuando un jet vuela por encima de una tormenta, o lentear, y dejarlos pasar. Te darás cuenta que son una docena de autos que compiten por los primeros lugares frente al siguiente semáforo. La velocidad media es suicida.
Los Viveros de Coyoacán se terminan en una callezuela diminuta, que tiene un pequeño puente que cruza el canal del drenaje. Es desproporcionado el tránsito de la callecucha para su tamaño. Los autos tienen que abrirse camino por el carril del transporte público, entrar aprisa en la callesucha y frenar brusco para esperar a ver si pueden pasar por el angosto puente. Ah, porque la calle es de doble sentido.
Acá lo mejor es protegerse con un microbús o un camión para cruzar.
Después vienen unas concecionarias de Ford, creo. Otra unidad habitacional estilo bunker. Del lado izquierdo está el hospital López Mateos así que siempre escucharás sirenas, siempre habrá buitres merodeando.
Enseguida está el puente de Río Churubusco. No te pares en el carril de la derecha, porque como la vuelta es contínua, particularmente los taxistas piensan que es legal atropellar a los que andan en bicicleta. Es cosa de criterio, pero yo pienso que es mejor pasarse este semáforo lo antes posible, sobre todo porque después del puente se incorporan los que venían por Churubusco, otra avenida de seis carriles. Office Depot. Y luego Centro Comercial Coyoacán, el Metro Coyoacán y la primera calle de Mayorazgo, que conduce sobre todo a los estacionamientos infinitos de Plaza Coyoacán y del Centro Financiero Bancomer. A las 9, las 3 y las 7 entran y salen encorbatados asesinos ciegos a todo lo que traen al frente, acostumbrados a ver al prójimo como un obstáculo que hay que pasar pronto.
Salen fuerte, echando lámina, para entrar a la Av. Universidad y pegarse a la izquierda, y poder agarrar Gabriel Mancera.
Los que venían por Universidad y se unieron en Churubusco, quierne pegarse a la derecha, tal vez para estacionarse, o quizá para seguirse de frente por Universidad. Todo es una adivinanza. Bancomer prohibió poner crucecitas en su banqueta, de otro modo te darías cuenta de que aquí muere por lo menos un pizzero por semana.
Donde termina el “Centro Ceremonial Financiero Bancomer” está un paso peatonal claramente pintado en el piso, rampas para sillas de ruedas y bicicletas y la calle de Mayorazgo de la Higuera. Del lado izquierdo verás un letrero que marca que es un paso de peatones. Atada en ese letrero hay ahora una bicicleta competamente blanca, con flores y velas, y con mensajes para despedir a Liliana.
Ahí me encontré a los ciclistas: unos cincuenta universitarios, con sus maquinas y luces palpitantes. Algunos reporteros tomaban fotos. Minutos más tarde llegaron los Bicitecas. Deben haber sido unos doscientos. Llegó la policía. Algunos autos mostraron su descontento fueron enfrentados a patadas y pedradas y después todos mostraron respeto.
Un hombre partido en pedazos dijo unas palabras.
Una chamacleta leyó un poema.
Yo como loco empezé a aullar y le ladré a los coches y lloré como un loco.
Denuncié al enemigo, lo señalé con el dedo.
Ahí queda la bici blanca, como fantasma, un muerto más en el remolino.

Para Liliana Castillo

9.6.09

Paseo dominical .


El domingo : paseo dominical ciclista. Cerraron las calles: eje 10 - cerro del agua - miguel angel de quevedo - pacífico - eje 10.
A las ocho de la mañana estábamos yo y mi secuaz principal en la esquina de pacífico, mirando como tardaban los chotos en cerrar las calles. No haría falta que lo hicieran.
Estupideces del poder del estado, una cosa de péndulo, que o están en un extremo o en el otro.
En vez de posibilitar la coexistencia de los coches y las bicicletas, prohiben unos u otros. No hay tal labor política de gobierno de que todos estén felices.
Por otro lado, en lo personal, me parece bien que los automovilistas encuentren su paso cerrado.
Tal vez así terminen por notar que está mal usar automóviles. Que la es innecesario.
Como sea, allá fuimos IJ y su humilde narrador, a buscar a los otros valientes ciclistas. La verdad que son muy perseverantes y buenos atletas, pero son aún muy jóvenes y dependen de sus padres que los domingos por la mañana no son muy veloces. Como a las nueve topamos con la Luna, nuestro primer integrante, acompañada por tres adultos.
A las nueve caímos en casa del Sebas porque de plano no salía. Su papá salió a decirnos que no, que estaban cansados, que otro día, y en eso salió el escuincle como bala a rectificar a su padre. Tomó su bici y a su hermanita.
Las bicis de los amigos estában medio abandonadas, así que hubo que hacer talacha: inflar ruedas, engrasar engranes, ajustar frenos... como a las 10 de la mañana estuvimos listos y rodando.
Contaré que éramos... IJ, que la hizo de guía y fue un encanto de paciencia y perseverancia. Los hermanitos atómicos. Lunix.
Aparte venía yo de asesor de la guía. Jorge tratando de mantener el paso de los hermanitos y luna con sus tres adultos responsables.
Subimos todo el eje 10, en cerro del agua nos metimos a la UNAM y seguimos el carril del PUMA-BUS que en domingo no circula, hasta la facultad de Medicina. Ahí por la ciclopista, fuimos a la explanada del espejo de agua, y luego subimos a la plaza de las esferas, donde se hacen los conciertos más chidos. La rodeamos y por el lado sur subimos a las islas. Pasamos por el puente debajo de Insurgentes y le dimos la vuelta al Estadio Olímpico platicando de futbol y de los pumas, naturalmente.
Después salimos a las eses. Ahí una señora con tremendo camionetón se apiadó de nuestro convoy infantil y la hizo de barredora unos metros, hasta que volvimos a la seguridad de las plumas cerradas en domingo: subimos al Centro Cultural Universitario y amarramos nuestras bicicletas en un poste.
La siguiente etapa de nuestro paseo fue a pie: trepamos a la serpiente de piedra y le dimos toda la vuelta al espacio escultórico. Un aplauso a Jorge que logró vencer el vértigo, auxiliado siempre por su niña que lo trajo de la manita no se fuera a caer.
Al final de la serpiente nos internamos campo traviesa a buscar brecha para llegar a la escultura de los picos. En el camino encontramos de pasada el escarabajo azul, otra escultura.
Trepamos a lo alto de los picos rosados. Cada quien su estómago, hasta donde se sintió seguro.
Luego volvimos campo traviesa hacia la escultura de los cuadrados, pero ahí nos topamos con una pared que la guía y yo coincidimos que era infranqueable. Pero entonces la Luna, en equipo con Max, nos dieron una lección de arañismo, porque así se descolgaron por el muro rocoso. No nos quedó de otra a los demás que irnos detrás de ellos, poco a poquito, hasta alcanzar el piso.
A la una de la tarde habíamos terminado la vuelta y tuvimos que emprender el regreso antes de que dejaran pasar los coches, a las dos de la tarde.

Una rodada genial!

23.5.09

semos emos


Semos emos
ecos secos
anti o neo o retro algo
neo . elegidos
anti . malandros
retro . insumisos

abandonado el patrocinador
cocinado el guía
bajo tierra el gurú
vendido el totem
atrás de nosotros
muge la vanguardia
al frente nos pela los dientes
el futuro

¡cuándo te vienes a dar cuenta
de que la resbaladilla está rota,
de que el billete es falso,
de que el callejón no tiene salida,
de que se te acabó el oxígeno,
de que no traes paraguas,
de que aquello quedó atrás!

allá atrás era la vuelta.



16.5.09

Crónicas del puerco 0


El origen: Acá vemos el momento en que unas vacas infentadas por el virus de la vaca loca, les escupen a unos cerdos creando así al puerco Cero, el origen de la influenza porcina.


13.5.09

silbar alegres melodías : riesgo de contagio

Aquí vemos el filtro de revisión sanitaria en la escuela primaria. Una hora tiene la niña que hacer fila fuera de la escuela para llegar a la puerta donde me la desinfectan de pies a cabeza. Se lava las manos y los zapatos. Se frota con gel antibacterial que no se enjuaga. Después la revisa un médico. Le toma la temperatura, la hace toser para escuchar su espalda con el estetoscopio y le hace tres preguntas: te duele la garganta? te sientes cansada? has tenido calentura?
Como sean todas las respuestas afirmativas entonces la dejan entrar al campo de concentración que se ha vuelto la escuela: donde no pueden quitarse el tapabocas, tocar a otros niños, están prohibidos los besos, está prohibido silbar porque es un riesgo de contagio.
Cuando a alguien se le cae el lápiz al piso tiene que ir a desinfectarlo al baño y lavarse las manos. Pero eso es bueno, según la niña, porque escondidos en el baño pueden quitarse un poco el tapabocas y respirar en paz unos minutos sin que los regañen.
Se cancelaron las clases de educación física porque con tapabocas se asfixian los niños.
Entonces en mi casa cancelamos la escuela porque le hace daño a la salud de a niña.
Estaremos jugando en el parque hasta que se les pase el miedo.
Estornudando como locos encima de la gente y dándonos de besos.
En la colonia El Reloj hay un portal mágico guardado por un genio mexicano, de zarape y sombrero, donde se te cumple cualquier deseo. Sólo que hay que ir en horas de oficina.






8.5.09

Chilanga Paranoia

Dos tapabocas, nos piden en la escuela. Uno puesto y el otro en una bolsa de plástico para cambiar a los niños a media mañana. También convocan nuestra ayuda para limpiar con cloro y alcohol dos veces diarias las "superficies de contacto" - manijas de las puertas, barandales, pupitres.
Además vamos a cooperar con una lana para pagarle a un médico que revise a los niños en la puerta para evitar que se nos meta un influenzado y nos contagie a todos.
Luego, los tapabocas de todos, con pañuelos llenos de mocos, mezclado con comida podrida, rastrillos desechables, animales muertos (¿cuentan como comida podrida?), se colocará así, al aire libre, en una esquina por donde pasan millones de coches diariamente. Después un camión de basura lo recogerá y lo llevará por las calles, de barrio en barrio recogiendo estos mismos montones de basura que... 
¿lo incinerarán? ¿le harán pruebas de laboratorio? ¿lo enviarán a otro planeta? ¿O simplemente lo amontonarán en los tiraderos que están más allá de Neza y Chimalhuacán? ¿La gente de Neza y Chimalhuacán no viaja al de efe y de ahí al resto del planeta? Ya en serio, les parece mucho que, en una ciudad de 25 millones, ¿se enferme un millar de gripa? ¿No habrá sido falsa alarma?
Una cosa les aseguro: en todos los malabares de cifras cada vez más complejos que han visto y que verán todavía en las próximas semanas, jamás escucharán el número de cuánta gente murió por las medidas sanitarias. Eso no lo sabremos nunca.
Porque a partir de la epidemia se cerraron cantidad de restaurantes y teatros. ¿Y los meseros y los actores? ¿Cuántas prostitutas(os) habrá en la ciudad que durante dos semanas no tuvieron dinero? ¿Los trabajadores ambulantes y todo eso que llaman "comercio informal" para que no aparezca junto con los números del desempleo? 
Y todos esos millones de pobres que no tienen seguras las quincenas, que simplemente los empresarios por emergencia sanitaria los mandaron a sus casas y que este 1° de mayo no tienen para pagar la renta de su casa, y pa' acabarla de amolar tiene a los niños en casa porque no hay escuela y ni cómo ir a buscar una chamba.
Esos no se dejarán morir mansamente. Saldrán, por supuesto, a conseguir por la buena o por la mala.
¿No morirán personas a partir de esa situación? 
¿Más de cien?
Digo paranoia, porque te asusta chilango lo inofensivo, mientras que lo mortal no te espanta.
Loco, ¿no?

5.5.09

porcina influenza

Ayer pude salir con la Zufridora a patear las calles. 
Parece que ya se acostumbró mi cuerpo a las nuevas condiciones de altura y asfalto.
No veo la emergencia sanitaria por ninguna parte: las ambulancias están estacionadas, se escuchan las sirenas de siempre, las clínicas y los hospitales no se ven abarrotados de gente, los cementerios llevan su ritmo habitual.
Lo que es distinto es que desde mi bici les escupo a los choches y resulta mucho mejor. Por lo que me cuentan los paisanos en el extranjero es curioso ser un arma biológica. ¡Escúpanles, amigochos, a los boludos argentinos que no entiendan que la enfermedad no es ser mexicano! ¡Sin pena ni cuidado, que es una enfermedad completamente curable! ¿100 muertos? Seguro que la cifra de atropellados por semana es mayor que eso. ¿Prohibirán los coches? ¡Claro que no!
Bueno, pero el otro virus, el más mortal, de ese no se habla. ¿Quién pagó estos días de epidemia? Anoche las putas de Tlalpan salieron a trabajar. Todas. En domingo.
Lo que no había era clientes atrevidos dispuestos a compartir secreciones.
Dicen las noticias que Acapuco está lleno, pero yo veo niños detrás de las cortinas: sus papás no tienen dinero para ir a la playa.
Y eso en Satélite. ¿Los hijos de todos los trabajadores eventuales? Albañiles, mensajeros, choferes. Simplemente les dijeron: por emergencia no se trabaja.
Dos semanas, nos advirtieron a nosotros, para que se reanuden los pagos.
Afortunados los asalariados que de ellos es la seguridad de las quincenas.
Todos los demás, estarán afilando las puntas de las lanzas para salir a por el chivo diario, el atolito que acalle el rugir de tripas de los niños.
Eso sí que da miedo. Esa sí que es una enfermedad incurable, progresiva y mortal.

2.5.09

con ve de vuelta

Brusco cambio de película me coloca otra vez acá, en esta ciudad post-apocalipsis donde todos están encerrados. La gente por acá sonríe mucho, pero con el tapabocas, pues no se nota. Te parecería que están todos enfermos. Pero no son tantos, al parecer.


Lo que se sabe es que el gobierno miente, porque es lo habitual. Que al principio no sabían qué decir, pero poco a poco empiezan a manejar los medios. Lo que se sabe es que un bicho anda suelto. Que si se trata las primeras 48 horas es 100% curable y muy poco contagiosa. Sus síntomas son muy evidentes: no es una maldición del más allá.
Muy posiblemente se cure con sólo lavarse las manos y no besar a los que tienen gripa. Eso en general, no sólo cuando hay una epidemia. Muchos problemas de salud se resuelven con un poco de higiene.
Tampoco creo que sea un complot del gobierno para ocultar alguna otra cosa. Si mieten, según yo, es para mantener el estado de emergencia que da la sensación de que nuestros líderes trabajan en asuntos muy importantes y por eso no responden nuestras peticiones, o para minimizar un problema serio que pudo haberse evitado, pero que no se evitó.
O sea, que yo digo que se cuiden. No tiren de a loco todas las medidas de prevención, pero tampoco teman salir a la calle sin tapabocas.
Si encuentran a alguien vendiendo tapabocas a quince pesos, por favor, armen un escándalo. No permitan que alguien lucre con el pedo.
A los paisanos en el extranjero, tampoco se asusten ni se persigan, expliquen cuantas veces sea necesario, que ustedes se fueron antes del rollo y que no es contagioso así como así.
Y lo amigoas de por acá, si se sienten mal, caigan al hospital de volada.
Es mejor andar por las calles en bici...

pero eso siempre.
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15.4.09

Santiago de Compostela - 15 de abril

En realidad llegué ayer, 14 de abril, poco después del medio día, con el pequeño clan cletero que se formó en los últimos días. Parece chiste, pero allá iban, un vasco, un catalán y un mexicano cuesta abajo desde el Monte do Gozo hasta la catedral, a darle una vuelta al apóstol Santiago. Se siente una satisfacción enorme. Ya tengo mi compostelana, un boletito de entrada al cielo. Así que ahora soy irreprochable!!
Tengo que ponerme a trabajar. Es inevitable. Mañana empieza el simposio, estaré en un hotel y empezaré a echar de menos el camino desde que envíe este post. Pero también, me siento ya casi en casa.
Si alguna de ustedes puede decirle a mi ranita que la quiero y la extraño mucho mucho mucho y darle un millón de besos de mi parte, se los agradeceré.

Saudade