21.11.09

La navidad nos aplasta

Nada nos hacía tanta falta como ciudad, como el árbol de navidad más grande del mundo.

Figurar en los records de Guiness nos da identidad como chilangos y como capitalinos.

De todos modos no hay agua potable, ni trabajo, ni vivienda.

Pero ahora hay esperanza de que por haber sido buenos, Santa Clos nos traiga esas cosillas que nos hacen falta.

Nada como el espíritu navideño para resolver el asuntito de las 40 mil familias de electricistas que no tienen boleto para el futuro.

Ya que la gente de Cuautepec no pondrán arbolito de navidad, porque las aguas negras inundaron sus viviendas, entonces el gobierno de la Ciudad les permitirá poner sus regalitos aquí, en Reforma, siempre y cuando vengan aseados porque hay que dar buena imagen a los turistas europeos y gringos, y a los empleados bancarios.

A los turistas sudacas no hace falta impresionarlos porque no traen dólares. Luego les gusta la ciudad y se quedan y es peor.

Cuando venga Santa disfrazado de Coca Cola, ¿por qué no le ofrecemos un puesto en la Secretaría de Cultura? ¿Por qué no lo nombramos director de seguridad pública? ¿O rector de la UNAM?

Está capacitado para el puesto: cuando escuche las necesidades de agua potable, de contaminación ambiental, de lo urgente que es un nuevo basurero para poner 12000 toneladas de basura por día, del calor que arroja a la atmósfera un lago asfaltado, de los problemas que ocasiona la convivencia de 25 millones de almas de las cuales dos terceras partes están apenas sobreviviendo, dirá:

¡JOJOJOJO!

18.11.09

Infrarealismo e Infrarrealistas



El infrarrealismo es la espontánea e inesperada aparición de la clave determinante que asalta y destruye todas las reglas que constriñen y retrasan al ser humano y sus manifestaciones. Así, el infrarrealismo es la contingencia que lidia con los significados y cambios que nunca pueden ser previstos por el racionalismo ni siquiera con la ayuda de toneladas de equipos de precisión. El infrarrealismo está aquí, todo lo penetra y viaja en el vehículo de lo inmediato.

Para ser infrarrealista hay que vivir desde ahora en las galaxias de los hoyos negros lo que significa estar en la vida misma que se comporta y expresa como esas galaxias, donde lo extraordinario sucede cotidianamente, lo imposible es posible y los actos inciden en maravillas inesperadas. Esas galaxias son vistas por los ojos que captan los asombros, son tocadas por las manos que captan delicias y deleitan desplazándose por las texturas vivas de los cuerpos humanos; son vivibles por los movimientos que luchan por la libertad, son una danza en las estrellas; son percibidas por el coraje de vivir, cueste lo que cueste, cada instante auténticamente; se encuentran en todos los combates individuales y sociales que crean las metamorfosis de la vida humana; se oyen en todas las voces, músicas, gruñidos, canciones, sonidos que se configuran en los caminos de las almas anhelantes; son alucinadas en las mentes verdaderas que penetran lo impenetrable con el arte. Quienes las buscan, entran en esas galaxias; el nombre inmediato con el que son designadas no es importante, puesto que dichos nombres son sólo las múltiples formas de nombrar la HUMANIZACIÓN que hacen del individuo un ser completo.

• El infrarrealismo es la multitud de cuerdas que ayudaron a derribar estatuas de opresores como el zar Pedro o Stalin..
• El infrarrealismo es la pistola de Sergei Esenine cuyos disparos recitaron su poema para los Estados Unidos.
• El infrarrealismo es una mandarina cuya cáscara es pelada con los dientes mientras se sigue saboreando.
• Gerard de Nerval es infrarrealista caminando por las calles de París mientras jala con un cordón una langosta.
• Un acto infrarrealista es don Quijote de la Mancha derribando al farsante Caballero de los Espejos.
• El infrarrealismo canta y gruñe, tiene miedo y es valiente, ama y odia, atina y desatina, gana y pierde, se compone y se descompone, se aflige y se serena, ríe y llora, aprueba y desaprueba, pero siempre se conmueve con sus contradicciones, para bien o para mal.
• El infrarrealismo no tiene acciones en fábricas ni en instituciones bancarias y, por lo mismo, no se acongoja cuando los obreros hacen huelga o los bancos son asaltados.
• El infrarrealismo ama sin reservas y no cree en el matrimonio. Le gusta ser aventurero en todo y piensa que las cosas no están hechas sino haciéndose (incluso piensa que muchas cosas están malhechas).
• El infrarrealismo se burla de las alternativas capitalistas que siempre son: “¿coca-cola o pepsi-cola?”
• El infrarrealismo le saca la lengua a la etiqueta, se muere de risa en las conferencias de los letrados, respira al aire libre y no tiene mamá ni papá y es andrógino.
• El infrarrealismo piensa que el llamado “oficio de escritor” es una invención de los literatos que han querido vivir confortablemente del arte, lo que significa un indecoroso comercio de la vida.
• El infrarrealismo es epicúreo, sodomita, hereclitiano, hedonista, narcisista, kantiano, hegeliano, marxista, anarquista, metafísico, patafísico, utópico, existencialista; simultáneamente todo esto y nada a la vez; pero rechaza la reproducción de sectas de il corpore fascista.
• El infrarrealismo no es secta de ningún tipo, no distribuye membresías ni boletos y no elige a sus miembros por ningún mecanismo de mayorías ni de minorías porque para ser infrarrealista basta con ser infrarrealista.
• El grupo de los poetas infrarrealistas no tiene estatutos ni reglas de conducta, puesto que formamos un grupo nogrupo.
• Para el infrarrealismo más vale lamentar que prevenir.

EL INFRARREALISMO EXISTE Y NO EXISTE
José Vicente Anaya
1975

16.11.09

A Temamatla con los biciperros

laguna de Xico
Tempranito, a las 8 de la mañana, llegué montado en la Zufridora al Parque Hundido, cuartel general de los Biciperros. Casi siempre hay más alegres ciclistas, pero por cosa del puente varios se fueron a Taxco. Otros más se fueron quién sabe a donde.
Aunque echamos de menos a varias (y a algunos), fue una rodada un poco más dinámica de lo habitual. Divertida. Pocos pelos, pero bien peinados, como dijera el refrán.
Tomamos por la calle Cerezas hasta División del Norte y toda esa avenida hacia el sur. Después de Churubusco empieza el carril confinado del Trolebús, que es peligroso por que el trole se te echa encima cada vez que puede y en cualquier momento se puede meter un auto o un microbús.
Tal vez por peligroso es divertido.
Domingo mañanero todas las avenidas estaban casi desiertas y hasta el chofer del trole pasa saludando.
Cruzar el puente de División y Tlalpan requiere templanza y control de la bici. Normalmente el tránsito te deja apenas un huequito. Pero cuando vas en grupo es fácil hacer bola y agarrar con calma todo un carril. Los conductores andaban de buenas así que todo es disfrutar la vista de la ciudad no tan contaminada, que se ve desde lo alto del puente.
Seguimos por División y dimos vuelta en Calzada del Hueso, donde está la prepa 5, rumbo a Canal de Chalco. Pasamos a un lado del mercado de flores que está en la esquina de Canal Nacional, un kilómetro adelante de la UAM-X, que ya están listos para la navidad, todo lleno de nochebuenas rojas y blancas.
Me cae gorda esa planta.
El puente para cruzar periférico tiene una rampa circular donde se puede subir en la cleta. Y ya se ve el lago de Xochimilco, los canales por donde pasarán un poco más tarde las trajineras con turistas, los pantanos.
Por la ribera del Canal de Chalco llegamos hasta donde ya no pueden pasar las bicis de ruta y de ahí doblamos a la izquierda para atravesar Tláhuac, que por cierto está en reparaciones y tiene tránsito pesado a todas horas (y está llena de baches mortales).
A la entrada de Tlahuac pusieron una escultura que representa al Quijote de la Mancha y un molino de viento, justo enfrente de un charro mexicano y una china poblana. Habrá que acostumbrarse al amontonamiento visual que producen.
La recompensa es el centro de Tláhuac, que siempre me ha gustado. Más por su ambiente que por el convento, la verdad. Aunque nunca había notado que los letreros que anuncian las rampas para silla de ruedas sentencian en voz muy agresiva "disminuido". Nunca había visto tal insulto. De por sí discapacitado, o minusválido ya me parecen parte del lenguaje del odio, alguien debería hacer algo respecto a estos letreros (tal vez colgárselos del cuello al que los mandó hacer).gachos
La carretera Tlahuac - Chalco fue la peor parte del camino. Es angosta y transitada. Como siempre los coches piensan que lo que tienen en frente es su obstáculo, así que varios se desesperaban por la tribu de bicicletas. Creían quizá que eramos parte del problema de tráfico, y no la solución. Además el estado del pavimento también es detestable. Y es una lástima porque a ambos lados las lagunas de Xico estaban espéndidas, reflejando el cielo azul como pocas veces y las montañas de alrededor. Hasta el volcán Xico, gordo y chaparro, se veía mejor que nunca. Bueno, desde este lado, porque apenas al atravesar, los tiraderos de basura de Chalco con su vomitan su característico aroma. El olor de la destrucción. Eso a la derecha. A la izquierda, en un peñón al lado del volcán, Geovillas, parece un palomar.
Más adelante nos detuvimos a tomar aire en una gasolinería y estuvimos esperando. Una confusión y malentendido dividió al grupo que estuvo esperando un buen tiempo a unos que no llegaron porque se desviaron. Tanto que algunos aburridos decidieron seguirse a Cuautla.
Por un momento mi Zufridora soñó con irse conmigo a cuestas a la tierra de Zapata, pero un corte de caja reveló que no alcanzaba pa'l pasaje de regreso, así que nos atuvimos al plan original.
Un cachito de la autopista a Cuautla y luego la desviación a Cocotitlán: Pueblillo rascuache típico.
Unos cinco kilómetros adelante está Temamatla.
Otro pueblillo rascuache típico.
Lo mejor es que pasando Chalco, los volcanes andaban exhibicionistas hasta cortarme el aliento. Siempre me han impresionado las montañas que tienen nieves perpetuas.
Todo este camino pensando que los guías que trajeron a Cortés por ahí, realmente se lo trajeron por el camino largo a Tenochtitlán, a ver si se desmoralizaba. Creo que al revés, el señor se enojó.
la mujer dormida, la mujer blanca
Muy bueno y recomendable de Temamatla son los mixiotes de carnero. Se dice que también hay pulque muy sabroso, pero nadie supo señalar dónde.
También una zona militar muy grande, donde entrenan los GAFES (Grupo Aeromotor de Fuerzas Especiales), antes de ser coptados por el dinero del narcotráfico y unirse a los Zetas.
Así que hartas tienditas de artículos militares: impermeables, mochilas, cangureras: todo con bolsita especial para la pistola.
N'ombre, te imaginarás, un ambientazo.
Nos regresamos por otro lado, vía Xochimilco. Esa fue la parte que más disfruté aunque por el ritmo de la pedaleada ya no pude tomar muchas fotos. San Pablo Atlazalpan, Santa Catarina Ayotzingo, San Juan y San Pedro Tezompa, todos pueblillos pequeños, pero enfiestados por sus santos, o por el aniversario revolucionario. Incluso hubo que esquivar algunas calles cerradas por los juegos mecánicos.
Tetelco, Tecomitl, el barrio de Xaltipac, Tenanitla, Ixtayopan (con su mala fama por los pefepos que lincharon hace algunos años). Todo el tiempo a la vista de las chinampas, por lo que hace cien años solía ser la ribera del imponente lago de Xochimilco, del cual queda ahora menos del diez por ciento.
Y pensar que hubo a mediados del siglo pasado ingenieros hidráulicos que ponían como ejemplo en el mundo su capacidad para secar lagos. Ahora se les caerá la cara de vergüenza. Espero.biciperros en canoa
Tulyehualco, Tlaxialtemalco, y luego por Nueva Tenochtitlan entre chinampas también llenas de nochebuenas, hasta llegar a Xochimilco, al convento de San Bernardino, siempre impresionante. Después por callejones cada vez más angostos, incluido el famoso callejón de Infernito, hasta llegar a un canal donde por un peso una canoa nos cruza hasta Cuemanco.
Cruzamos Periférico con las bicis al lomo y luego tomamos Cafetales, Calzada del Hueso y División del Norte para volver con bien a casa, después de haber explorado una de las orillas de la guía roji.

13.11.09

cantardores de próstata, digo, de protesta

Te revelaré la verdad, aunque me arriesgo a golpes, secuestros y desapariciones por decírtelo: los trovadores no sufren.
Dicen que sufren. Lo dicen en sus canciones, o en los mitos que se forman en torno a que si corren peligro por decir lo que dicen, o que tuvieron que empeñar su guitarra, o que para ser honestos con el impulso creativo le pusieron los cuernos a sus parejas, o se entregaron a tal o cual droga no por debilidad, sino para cambiar sus puntos de vista sobre la realidad.
Tal vez en algunos casos, en algunos países haya sido cierto. Acá, hoy, es un engaño publicitario.
En realidad son tipos y tipas privilegiados que publican sus nombres y sus fotografías en los carteles y que viven de su prestigio.
O sea que no dan paso sin huarache, porque los toquines solidarios y supuestamente gratuitos luego son utilizados para convocar a otros eventos, conseguir sexo, traficar becas y premios, vender discos, camisetas, libros o a sus amigos. Nada es gratis en el tianguis de la solidaridad.
Aunque vivan en cuchitriles, se expliquen la vida con las mismas condiciones materiales que los explotados y/u oprimidos, eso lo hacen sin trabajar. Exprimiendo bares y cafetines, casi siempre regenteados por inocentes trabajadores que se creen aquello de que la expresión artística beneficia el mundo entero y que se extinguen en la bancarrota por pagar los mismos impuestos que puteros y videobares o florecen como negocios y se vuelven elegantes foros culturales (que ya no contratan a los cantores pobres).
Allá van los cantores muertos de hambre, su guitarra al hombro, en busca de causas perdidas. Como zopilotes. Rondan las calles donde se asienta el gas lacrimógeno y los separos en busca de plantones, marchas, o detenidos.
No importa la forma porque todo lo justifican con el contenido. Algo hermoso que no habla de algo importante no tiene sentido. Es un lujito burgués. No debe ser.
De ahí el éxito del rap y del hip hop: las fórmulas dejarte ir en la pura expresión de tus rabias sin preocuparte por la forma. El puro exhibicionismo, el regodeo y el culto a la personalidad.
La necesidad de sufrir para poder conversar con los demás sobre el sufrimiento, no es una cualidad exclusiva de los trovadores. Es herencia de una cultura judeocristiana, que alaba el dolor, la pena, el martirio. Hasta los que no cantan boleros a veces se azotan contra el piso para que alguien los levante, pero no les pagan por eso (más que a los boxeadores).
Siempre es mas fácil hablar del sufrimiento, porque no molesta. Todo el mundo sabe qué hacer ante el sufrimiento. Todos estamos al lado de las víctimas. Es lo bueno y lo bonito lo que despierta las bajas emociones, las envidias y los miles de asegunes.
En "El vino del estío" Ray Bradbury nos cuenta de uno que construyó una máquina de la felicidad que funciona perfectamente, excepto porque se es feliz mientras se está dentro de la máquina. Cuando la apagan, el pasajero sale desconsolado de tener que volver a su vida cotidiana, donde la felicidad es casi una utopía, un faro al fin del camino, algo hecho para guiar a la humanidad, no para alcanzarse.

10.11.09

Se busca héroe


A principios de los noventas, el gobierno de Coahuila gastó unos pesos en una estatua de bronce del general Francisco Villa, que terminó donando a la delegación Coyoacán, tal vez porque ya tienen demasiadas estatuas homenajeando a don Pancho.
La delegación la colocó en División del Norte (que así se llamaba la parte del ejército revolucionario que él comandaba), esquina con Av. Pacífico (eso parece que por sarcasmo, porque todos los historiadores están de acuerdo en que Pancho Villa no tenía nada de pacífico).
El caso es que hace un par de años un chamaco, sin ningun motivo oculto u opinión histórico-política, sino nomás por auténtico travieso, apedreó la escultura y se descubrió así que don Pancho era una tomada de pelo (¿otra?), porque en realidad era un caparazón hueco de fibra de vidrio. El escultor, el delegado, el/los responsables fueron vistos por última vez corriendo con una maleta de dinero.
Para guardar las apariencias, se colocó una manta con la escultura dibujada. Perdone las molestias, decía el letrero, le estamos lavando las orejas a la estatua. Luego volvió a cambiar el delegado y una mañana apareció así, el pedestal limpio y rosagante, rodeado de flores y plantas, verde césped y lo único que falta, es don Pancho Villa.
No sería extraño que el día de mañana apareciera algún otro héroe popular subido al pedestal: Salinas de Gortari, Miguel de la Madrid, Cantinflas, Paco Stanley, tal vez Fidel Velázquez o Juan Pablo II.
Yo estoy pensando hacer una escultura mía, encuerado, de papel maché y montarla en el pedestal. En vez del David se llamará el Rot. Creativo, ¿no?
Al fin y al cabo puede estar ahí años sin que nadie diga nada.